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lunes, 25 de julio de 2016

Flotando en el Mar


Flotando en el Mar

    No sé cómo llegué a ese lugar. Sólo desperté y la vi a mi lado: la mujer más bella de todas, con la sonrisa más alegre y tierna de todas. Estábamos en un pueblo desconocido, en una playa desconocida, con arenas blancas y aguas cristalinas, era un color esmeralda. Estábamos sentados frente al mar cuchicheando un mate, o unas cervezas, no lo recuerdo y, de cualquier forma, es irrelevante. Lo importante era que estaba junto a ella.

    En medio de las risas, recuerdo preguntarle dónde nos encontrábamos. Era un pueblo cerca de La Serena y Coquimbo. Me costó obtener esa información, pues ella jugaba conmigo y lo disfrutaba. Disfrutaba el tenerme perdido, disfrutaba tenerme fuera de mi y fuera del mundo. Recuerdo que le pedía especificaciones, quería saber el cómo llegamos a ese legar y ella, en lugar de contestarme sonríe alegremente, me da un beso y se lanza sobre mi, de una forma muy sensual.

- ¿Quieres saber cómo llegamos o a dónde vamos? - Interrogó suspicazmente con mirada coqueta. 

    Mi respuesta fue simple: silencio nervioso, lleno de respuestas a su pregunta. A ella no le importó ese silencio, era la respuesta perfecta para ella, pues la invitó a tomarme rápidamente con su picardía habitual y llevarme al mar. Sólo en ese trayecto, en menos de 20 pasos, me excitó hasta el alma, tan sólo de verla tan decidida. Esta mujer me volvía loco siempre, con cada sonrisa, con cada mirada, con cada paso y movimiento de sus caderas, con cada palabra amorosa y con cada pensamiento que pasaba por mi mente.

    Llegamos al agua y me sacó la polera sin dificultades y de forma sensual, mientras yo la miraba absoluta y obviamente baboso. Ella lo tenía claro, me tenía en sus garras, por lo que no dudó en enterrarlas en mi cuerpo con un gesto poco decoroso. Se sacó su camiseta y corrió desesperada. Sólo me reí y la contemplé. Andaba con un bikini negro que le quedaba hermoso, estaba hecho para su cuerpo, la silueta más bella que he visto en mi vida, correr tan graciosamente por el mar.

- Alcánzame si puedes. - Gritó agitada por el esfuerzo.

    Y corrí persiguiéndola. Corrí y corrí. Ella se dio media vuelta, me miró fijamente con una mirada traviesa, casi infantil, pero tan adulta que me dejó claras sus intenciones diciendo "Caíste en mi trampa". Diciendo lo que confirmaba mis sospechas y se montó sobre mi. SE MONTÓ SOBRE EL TODO DE MI. Se montó sobre mi y me dio el beso más apasionado que podría alguien imaginar. Estaba tan exaltado, tan... excitado ya a ese punto. Me besó, la besé, nos besamos. Empezó a juguetear sobre mi, flotando en el mar. Ya ni recuerdo en qué momento empezamos a flotar. Me desconcertaba todo, todo ella y todo su actuar. Jugueteaba, me besaba y se desabrochaba el bikini. Se lo sacó como joven universitaria loca de película gringa.

    Ahora creo que eran cervezas las que bebíamos al principio. De otra forma, no sabría cómo explicar lo bien que lo estaba pasando, aunque ella era así sobria. De verdad era la mejor mujer del mundo y estaba junto a mi.

    El Bikini estaba lejos, muy, muy lejos y me dice que tenía un desafío para mi. Nadar y hacer cosas de clasificación '+18', mientras nadábamos hacia el bikini. Yo solté la carcajada más grande de mi vida y ella me miró con un puchero juguetón y me decía que era en serio, que debíamos llegar hasta el bikini tirando y nadando. 

    La hazaña fue extrañamente realizada. Es difícil y vergonzoso de explicar.

- ¡Tenemos premio para el ganador! - Dijo antes de sumergirse y darme mi premio "under the deep blue see". Era magia en sus labios, en todos ellos. Repito, la mejor mujer del mundo. JUNTO A MI, aunque rápidamente se le acabó el aire y desesperada dice: - Ahora te mato. - Con cara de violadora en serie, con expresión cuántica. Esa cara que pone casi siempre. Cada día y cada que me ve.

- Ahora te mato. - Replicó para montarse sobre mi y terminar esta historia mientras nos dábamos el beso más apasionado, flotando en el mar.


lunes, 6 de abril de 2015

Oscuros Colores



Oscuros Colores

Tarde gris y tus ojos color marrón,
lagrimeando incansables y
corriendo tu maquillaje oscuro y
reflejando el atardecer
carmesí como la sangre derramada.

Esa mañana salí sin ánimos de salir. Esa mañana no debía salir, pero algo guiaba mis pasos. Sólo quería tenderte una mano, como siempre lo hacía. Qué estúpido. Caminé contigo de la mano y... no sé por qué al verte mal, decidí aumentar tu dolor y te conté lo fatal: “tu hermana, mi amante”. Pero claro, tú ya lo sabías, no eres tonta y yo lo sé. Aun así lloraste como si recién lo supieras, tenías todo planeado.

Aun siento tu olor a café
y tus gritos llenos de petróleo
con un poco de musgos y corales
contrastando con la nada,
esa que construía agria, la verdad.

Al llegar a tu casa te vi correr sin mirar a tras y a ese gato negro volver a cantar como un vil cuervo: “Nunca más!” Maldito animal. Tu hermana Adelle, estaba sentada en el sillón, miserable como siempre, antes de morir. Llevaba sensual una blusa color negro canción y un pantalón azul de mezclilla que armonizaba con sus piernas que se despedían y... yo lo sabía.
Debí contestar, pero el gato volvió a cantar “NUNCA MÁS!” y un arma empezó a corear “PAFF-PAFF!”

Esposas con sangre en mis manos,
mis ojos morados en el retrovisor
y un oficial leyendo mis derechos blancos.
Tú sonriendo la muerte de tu hermana

y mi castigo eterno encerrado.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Monólogo instrumental de una mente sin instrumentos


Monólogo instrumental de una mente sin instrumentos

        Se desvanece mi vida, lenta y apresuradamente, como si la lluvia melancólica se lanzara en picada sobre mi o como si el sol se hundiera en retazos del inicio de un mal día. Siento como la esperanza muere con bocetos de alegría. Veo el cielo azul de un cálido día, inusual y horrible, los veo inútil y desagradable.

         ¡Los odio a todos! No sé qué espero, ni qué necesito, ni qué quiero. Odio la ansiedad y la paz. Odio la luz y la sombra. Odio la libertad de mis cadenas. Odio a quién no quiere ser odiado. Le temo al rechazo de tu mirada insensata. Necesito contacto y aprobación, de preferencia tu beso cuando simulas que duermes. Me gustaría quedarme junto a ti mientras me amas, justo en ese momento de ojos cerrados e infancia acumulada.

          Deseo borrar la ansiedad y necesito borrar la tristeza. No estoy feliz así, pues para ser feliz necesito... necesito valorarme. Para ser apreciado, para no ser abandonado “necesito valorarme”. Debo reconocer mi propio valor. 

         No tengo valor alguno y menos el valor necesario para vivir junto a los seres que me podrían interesar. Entonces, soy la forma que muestro a los demás. Tal o cual cosa me representa, junto a elementos que yo mismo he creado en mi actuar. Nada más que las cosas que hacen que otros me reconozcan.
       Yo soy yo. Aún así, tengo mi distinción, mis pergaminos pegados a mi cuerpo: mis ropas, mi habitación, las cosas que he hecho alguna vez, las cosas que he dicho que he hecho y las cosas que he dicho que haré. Eso soy yo, yo cree ese mundo llamado YO: Las cosas que pienso que soy, ese soy yo. No soy más que yo mismo, el único que me entiende y el único al que debería importarle.

       Pero aún no tengo un Yo identificado dentro de mi, así que... no me entiendo. El yo presente es inestable, la gente alrededor del yo presente es inestable y el ambiente que rodea al yo presente es aún más inestable. Sin embargo, nada de eso durará para siempre, o al menos no debería durar para siempre. Debería ser como casi todo lo que se siente, a veces inestable, pero ferviente, algo intangible, pero cláramente indecente.

         El tiempo SIEMPRE fluye, junto con este mundo cambiante. Soy quien puede cambiar de acuerdo a cómo se comporte mi propia mente, pudiendo crear un mundo sin nada, un mundo sin nadie… un mundo de libertad, un mundo impaciente. ¿Libertad? El mundo de la libertad que nunca será reprimida por nadie, una libertad diferente.
         Como resultado, y como siempre, no hay nada. Salvo que piense en eso. Sí, ¡salvo que piense en eso! ¡Maldición! No sé qué debo hacer. Estoy intranquilo. Mi imagen de mi mismo, del Yo Presente, es muy vaga. Todo es muy vago.

       ¿Qué debo hacer en este nuevo mundo de libertad que pretendo crear? Quedar sin límites será aburrido, sólo flotar en la nada, no tiene sentido. Restringirme, es perfecto. Ahora me restringiré a través de un tope arriba y un fondo, perdiendo un grado de libertad y permaneciendo en el fondo, pues arriba podría ser peligroso. Se hace más cómodo. Se hace un poco más fácil mi camino, esa es mi voluntad. ¿Ésta es mi voluntad? ¿El mundo en el fondo, es el mundo que me rodea? Aún así, puedo moverme libremente. Si lo deseo, puedo cambiar la posición del mundo. El mundo no mantendrá la misma posición, pues cambia a medida que el tiempo fluye… creo. Y creo que antes estaba seguro de aquello.
         Yo también puedo cambiar junto a las cosas que me forman, que son mi propia mente y el mundo que me rodea. Ese es mi propio mundo. La forma real que he concebido. Esa es la realidad.

         Este es el mundo sin nada, el espacio sin nada, el mundo sin nada. El mundo sin nada más que yo. Estoy entendiéndome aún menos. Siento como si fuera a desaparecer. Mi existencia se desvanece porque no hay nadie más que yo y no puedo formar mi propia forma. ¿Mi forma? No puedo verme a mi mismo mientras no haya otros, pues en su existencia, está la mía. Sí. Yo soy yo. Aún así, es verdad que los otros forman la forma de mi mente.

         ¡Lo tengo! Hay muchos mundos, muchos mundos diferentes y con muchas posibilidades dentro mío: El yo del momento, no es siempre el Yo que soy y hay muchos en realidad, como si fueran diferentes egos luchando entre sí, dentro mío, para salir.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Cosas de un Camino


Cosas de un Camino 

Cargado con mi bolsa llena de webadas
con aventuras en mi espalda,
en mi horizonte y en mi mirada.
Cargado de elementos brillantes
e historias dóciles, bellas y horripilantes,
llegué a disfrutar de una nueva aventura,
esa aventura que tanto esperaba.

Aún quedaba camino por recorrer
y la aventura, con suerte comenzaba.
Algunos compañeros de batalla alunizaron,
y mientras otros lloraban, otros agonizaron.
Yo por mi parte seguía, no miraba atrás.
caminé sin rumbo, sin confiar en el destino…
sé que él siempre me podría traicionar.

MALDITO DESTINO, pensaba hasta que la noté.
al final de una chillante micro sin rumbo,
de chaqueta y jeans, entre sombras de gigantes
y con una tersa mirada inmóvil,
que lenta y caprichosa evitaba la mía,
perdida en un horizonte inexistente
y matando en inocencia y ternura robusta.

MALDITO DESTINO, me grité una vez más
porque fue el destino quién dio casualidad.
Fue casualidad que no sabía dónde ir
y casualidad saber que ella me podría ayudar.
Fue casualidad que la disfrutaría un minuto más
y casualidad que pronto vería un final.
Casual 18 para comenzar a esperar...

lunes, 1 de julio de 2013

El Avión de Papel



El Avión de Papel

                Hacer veinte mil diseños y llegar siempre al mismo, al más básico y al con más sentido. Hacer veinte mil aviones de papel para que el primero y el último sean exactamente iguales.
                Hacer veinte mil diseños de aviones de papel y en cada uno escribir que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor, escribirlo en cada uno de veinte mil maneras distintas y con veinte mil colores diferentes, pero que aun así, sólo el primer y el último avión, con la primera y la última forma de escribir que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor y el primero y el último color utilizado para escribir que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubores increíble.
                Cuando concluí de escribir que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor por veinte mil-ava vez, con el veinte mil-avo color en el veinte mil-avo avión de papel que diseñé, noté por fin cómo debe ser todo esto: nuestro amor debe ser simple y fugaz como el vuelo de un avión de papel, pero aun tiempo perpetuo como el diseño de este avión.

                Cuando terminé el veinte mil-avo avión de papel, leí en él que decía claramente y con bellas palabras que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor, con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación que sólo pude hacer una cosa: estudiar física aeronáutica para poder doblar su punta de tal forma que al lanzarlo desde un sexto piso fuera capaz de virar en 360° y me pasara a buscar para que yo mismo, cual Otto el Piloto, lo piloteara.
                Luego de haber estudiado física aeronáutica para poder lanzar el avión de papel que dice que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor, con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación para que al doblar su punta de tal forma que al lanzarlo desde un sexto piso fuera capaz de virar en 360° y me pasara a buscar para que yo mismo, cual Otto el Piloto, lo piloteara, lo lancé y voló... y voló mucho, pero en línea recta, puesto que olvidé doblar su punta. Primer intento fallido.
               
                Finalmente, tomé el avión de papel del suelo, miré las miles de hojas de mis miles de libros sobre física aeronáutica y mis dibujos con cálculos y garabatos y doble su punta, acto seguido, lo lancé nuevamente y con esperanzas y sueños de locura y canciones. Esta vez, el avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, voló en perfectos 360°con una pequeña baja en su altura y 30 cm delante de mí. Salté sobre él y cual Otto el piloto, lo piloteé, lleno de esperanzas y sueños de locura y canciones.

                Ya volando, lleno de esperanzas y sueños de locura y canciones y piloteando cual Otto el piloto este avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, tenía claro mi destino: TROPESAR CON TU VENTANA, ROMPERLA Y DEBASTARLA PARA PODER ENTREGARTE MI CORAZÓN Y ESTE AVIÓN DE PAPEL. Pero antes debía llenar el resto de los espacios de papel con cosas interesantes y con contenido de verdad. Es por esto que me dispuse a volar por el mundo y encontrar los mejores presentes para ti, amor.

                Mi destino inmediato fue recorrer el océano pacífico, por toda la costa sudamericana, deteniéndome exclusivamente en Isla de Pascua, en donde llegué casi sin problemas y en donde fue todo casi como un viaje al pasado, puesto que me encontré con la celebración anual de la competencia del hombre pájaro. Aquí primero creyeron que yo era un enviado de los Dioses, por llegar en dicho momento y volando de una manera muy extraña, por lo que enviaron al hombre más capacitado, al mismísimo Tangata Manu (u hombre pájaro en su lengua), quién había ganado recién la competición, donde tubo que cruzar nadando desde un pequeño islote frente a Rapa Nui, de regreso a la Isla Grande y trepar el acantilado marino a su cima. Un gran hombre, imagínate me hubiese golpeado él, creo que no hubiera podido contarte esto. Al final, el Tangata Manu, con la misma tinta natural con que tiñó su cuerpo para competir, dibujó el símbolo de su triunfo en el interior de mi avión de papel y luego de una comida muy organizada y festejada, me despedí entre bailes de despedida con las chicas más lindas de la Isla y música interpretada por las mejores voces del mundo.

                Luego de una emocionante aventura en Rapa Nui, emprendí el vuelo hacia Australia y porque sé que te gustaría ir algún día así, me traje algo muy especial de por allá: la sombra de un bebé canguro y su madre. Por qué su sombra y no a los animales mismos, te preguntarás y, bueno querida, la respuesta es muy simple y se resume en la aventura que allí viví. Cuando llegué a Australia, luego de cruzar el Océano Pacífico en mi avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, vi mucha gente correr, muchos animal y los observé desde los cielos. Los miraba mientras hacían la vida como si nada a su alrededor estuviera pasando y al mismo tiempo, pendiente de todos. Noté que en Australia los humanos llevan una vida tan similar a la de los animales, con menos preocupaciones y más libertades. Me gustó Australia. El caso es que, mientras observaba tantos seres viviendo con libertad y guiándose por si mismos, me fijé en una especie en particular, en una especie que tenía la fortaleza y la delicadeza de defenderse de lo que sea y a la vez siempre con el cuidado y la sutileza de poder estar siempre cuidando seres débiles e indefensos como lo son sus bebés. Noté que los canguros son seres tan libres y bellos, que en sus movimientos ellos sólo vuelan, flotan en el aire mientras van tocando el suelo para recordad cuán cerca están de él. Se mueven con belleza y gallardía, mezclado con un poco de elegancia y quizás una pisca de rudeza. Así fue como decidí bajar hasta donde había una especie de colonia de canguros que jugaban. Me miraron extrañados, pero sin miedo, pero con respeto. Saben los canguros que el ser humano puede ser peligroso, pero afortunadamente estos supieron adivinar mis intenciones y me recibieron con cuidado. Jugué con bebés canguros por horas y hubo un momento en el que, sin darme cuenta, iba en la bolsa de uno de los canguros, volando. Me sentía aun más libre que en mi avión de papel y, mientras disfrutaba de la libertad, noté algo muy particular: LAS SOMBRAS DE LOS CANGURAS DISFRUTAN DEL VIAJE, se ríen de la emoción de correr, volar y saltar, de imitar los movimientos audaces de estos animales. Era espectacular. Y entre todas las sombras, había un par en particular que me agradaba mucho, era la de una mamá canguro con su bebé que corrían al final de la manada, tranquila, liviana, audaz y despreocupadamente. El bebé me sonreía de tanto en tanto y me hacía señas.
                Cuando la carrera se detuvo, el bebé canguro se me acercó junto a su madre y sus sombras me sonreían, me hacían señas, querían seguir volando por el mundo, pues ya no eran para seguir volando sólo por sus tierras, querían algo más y... decidí dárselos. Justamente andaba Eliza Thornberrys en Australia y como yo sé que habla con animales, le pedí que les dijera a los canguros que me llevaría sus sombras para darles libertad, más de la que ya tenían y la mamá canguro me autorizó con lágrimas en los ojos, pero feliz por la oportunidad. Así que la sombra del bebé canguro y su mamá me acompañaron y subieron a mi avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, y emprendimos el vuelo rumbo a nuevos lugares por recorrer.

                Mientras volaba, noté lo felices que iban la sombra del bebé canguro y su madre volando en el avión, llevaban cara de felicidad y eso, al parecer, nos hacía volar más rápido, eran tan livianos e increíbles que yo iba encantado en nuestra nueva dirección. Recorrimos muchos lugares, subimos por Indonesia hacia el norte, pasando por Filipinas y luego Taiwan hasta Japón, luego en dirección oeste pasamos por las Coreas y China, bajé hasta India y fuimos a Rusia, pasando por muchos países y mucho desierto, claro. De esos lugares, todos los países que recorrí hasta Rusia, tomé algunos recuerdos para ti, pero todos relacionados con símbolos de amor.
                Por cierto, en medio de mis aventuras por esos lares, cuando estuve en Japón tuve una aventura extraordinaria: PELEÉ JUNTO A GOKÚ PARA SALVAR LA TIERRA, pero esa es otra historia, ya te la contaré amor.
                Volviendo a la historia, luego de estar en Rusia, hice algunos trámites pendientes que tenía con la KGB y me dirigí al norte del mundo, a los países más espectaculares que puede haber. Fui directo a Dinamarca, Finlandia, Suecia, Islandia y Noruega. Esto países los visité con un solo fin, encontrar un retrato mío que andaba perdido desde hace siglos, bueno, dos fines, pero el otro te lo explico luego. Volé mucho en mi avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, hasta llegar a encontrarme con una familia muy antigua, que según me contaron los lugareños, eran los últimos Vikingos de tomo y lomo de la tierra. Ellos sabían que yo llegaría y me estaban esperando con un festín vikingo impresionante, con carne de alce y mucho hidromiel, música por todas partes, todos bebiendo, saltando cantando, algunos luchando, otros gritando y bailando. Era todo espectacular. Además, me esperaban con lo que yo andaba buscando: MI RETRATO, el que fue hecho mucho antes de que yo naciera, pero que fue creado especialmente para mi y para que siguiera haciendo lo que mejor sé hacer. El retrato me tenía a mí cuidando en mi interior a una pequeña jirafa, un pequeño lobo y un pequeño oso, simbolizando lo que mi nombre significa: EL OSO QUE PROTEGE A LOS SUYOS CON EL CORAZÓN. El retrato estaba hecho con algo muy especial también, estaba hecho con cenizas de cuerpos bárbaros no tan bárbaros, las que se extrajeron en esas hermosas ceremonias fúnebres que ellos tienen, en donde queman a sus difuntos en barcos funerarios junto a ofrendas importantes y sus pertenencias (incluso sus esposas) lanzándolos al mar y prendiéndoles fuego para ensalzar su grandeza y para ser guiados al Valhalla, en donde disfrutarían de todas sus riquezas y la buena vida del guerrero.
                Quería quedarme para siempre ahí, pero no podía. Decidí emprender mi rumbo y puse el retrato en el Avión de Papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, para comenzar el vuelo, el cual no duró mucho, pues sólo subí más en el mapa, un poco, para llegar al Círculo Polar (la otra cuestión que me llevaba a los países nórdicos), precisamente a la Laponia Finlandesa en donde sólo puedo guardar el recuerdo de estar dentro de aquel mítico lugar y haber observado, como pocos, dos días y una noche, en donde no hubo oscuridad en ningún momento y que creo que creo tiene que ser uno de nuestros próximos destinos, amor. De todas formas, por si las moscas, dejo en el avión de papel las coordenadas del paralelo donde estuve parado observando la vida misma, para que me busques ahí si me pierdo.

                Ahora, habiendo vivido dos días espectaculares que prefiero contarte después, cambié mi rumbo con dirección inmediata a los lugares que a ti te gustaría conocer seguramente y junto a mi lo harás. Me fui directo a Irlanda y Escocia. Qué hermosos lugares, especiales para vivir: Tanto verde, tanta fauna, tan bella arquitectura, tan rústico todo lo que está lejos de las grandes ciudades y un clima tan agradable al menos para mi. Me recuerda mucho al sur de mi Chile hermoso. También el ambiente es genial, pues conocí a unos hombres locos y rockeros, compartí con ellos un carrete* espectacular, con una banda que me encantó y con una cerveza de un sabor exquisito. En la mañana, tuve mi primera caña** de la vida y la bajé con más cerveza con limón, sal y merkén, que por suerte tenía en la guantera del avión, para enseñarles las micheladas***, compartimos otro rato y cuando se me pasó la embriaguez, decidí subir al avión, pero me retuvieron, me dieron un café muy cargado y me subieron nuevamente al avión con un regalo para ti, amor, un anillo de la trinidad celta, para simbolizar nuestra unión, pues al parecer, en medio de tanto alcohol, les hablé mucho de ti.

                Aproveché pronto la cercanía y me fui derecho a Londres y fui sólo para buscar una de esas banderas que apostaría a que te gustan. También va en mi avión de papel.
                En Londres no sabía qué rumbo tomar, pues creía que mi camino estaba completo y sólo quedaba una parada y fue entonces cuando decidí volar, nuevamente, en mi avión de papel, cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación, piloteándolo cual Otto el piloto, lleno de esperanzas y sueños de locura y canciones. Mas aquí, ya nada me apuraba, así que volé lento, muy, muy lento y volé y volé lejos, muy, muy lejos, allá por el ancho mar atlántico, por sobre un mar estrellado y un cielo lleno de anguilas fugaces y medusas campantes. En medio del gran océano negro punteado y en medio de esa hermosa noche, decidí dormir con mis recuerdos de una aventura extraordinaria (JÁ), piloteando cansado por la travesía... cansado de tanto descansar y por desgracia, no sabía dónde estaba. Estaba desorientado y perdido ¡pero sabía la hora! Gracias al bendito celular que da la hora según la ubicación geográfica, pero que si no tienes activado el roaming internacional, no es capaz de decirte dónde carajos estás.

                Eran ya las 3 de la madrugada en algún lugar del océano Atlántico y yo dormía cuando me despertó una gota de lluvia que me alegraba al golpear mi frente, por desfortuna, era una gota que formaba parte de un ejército de gotas y esa precisamente era sólo la primera guerrera en llegar a una gran batalla entre el cielo y el océano, una tormenta deliciosa o robusta que me tambaleó durante mucho rato hasta que me sentí ahogado por las espadas y flechas con fuego congelante que atravesaban a medio universo. Pronto me sentí sin fuerzas y peor aun, sin aire y bajo el agua, quedando a la deriva de la vida y de la misma muerte durante dos días y dos noches de las cuales no recuerdo nada. Inconsciente estuve mientras el mar me arrastró y me despertó en las costas brasileñas donde desperté perdido, desorientado e incluso alucinando un poco, y desafortunadamente, no tenía idea de dónde estaba mi querido avión de papel, el mismo que había piloteado tanto tiempo cual Otto el piloto, lleno de esperanzas y sueños de locura y canciones y cuyo corazón rayado decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación humana.
                Durante tres días con sus tres noches, viviendo de la nada misma, pregunté y pregunté por todo el pueblito en donde estaba, si alguien había encontrado mi avión de papel, lo busqué. Prometo que lo busqué por todas partes, pero nadie lo había visto siquiera. Llegué a pensar que mi destino era vivir en Brasil por el resto de mi vida, donde con esa misma idea en la mente, pensé que ya era momento de resignarme, buscar un trabajo y bailar con unas garotinhas, donde en el acto y a la distancia, divisé a un niño jugar alegremente con mi avión de papel. Decidí recuperarlo, pero el niño se veía tan feliz lanzándolo, haciéndolo volar a cada instante, que no supe que hacer hasta que recordé que tenía diecinueve mil novecientos noventa y ocho aviones más, todos hechos de papel y con diseños diferentes los unos de los otros, se los prometí y ofrecí regalárselos a cambio de que él me diera el que tenía en ese momento. El niño al principio no aceptó, pues él quería sólo ese avión, el más lindo de todos. Pero luego de que le conté la historia de ti, de nosotros... y cómo había llegado allí, aceptó de inmediato y con su mano embarrada, dejó un obsequio también en el avión al igual que muchos otros en pro de nuestro amor.


            Esa tarde decidí salir en dirección a ti, rumbo a Temuco. Lo hice pero mientras pasaba por sobre Machu Pichu decidí detenerme un rato y lo recorrí de monte en monte, cada rincón de sus ruinas y hablé con cada quién pude hacerlo pero, decidí que de allí no habría ningún recuerdo, pues ahí mismo, allí sería el primer lugar que tú y yo visitaríamos y recorreríamos juntos como algo más de lo que somos.
                Al atardecer del día siguiente, tomé mi avión de papel, el que piloteé por tanto tiempo cual Otto el piloto, lleno de esperanzas y sueños de locura y canciones, leyendo incluso de vez en cuando lo que iba rayado en su corazón, ahí cerca de todos esos recuerdos de amor, donde decía que tu sonrisa es la que enamoró al sol y lo hizo huir y esconderse tras las nubes para que no lo vieras ardiendo en rubor con un color tan penetrante e inalcanzable para la imaginación humana. Ese avión lo piloteé por última vez, hasta que llegué a tu casa, donde te lo entregué, te besé y te conté todo esto que hice por ti.



*Carrete: en Chile este término se utiliza para denominar a las fiestas de los “jóvenes”.
** Caña: en Chile refiere a la resaca correspondiente al carrete.

*** Michelada: Trago chileno que consta de cerveza con limón y sal con una pizca de Merkén, que a su vez es un ají nacional molido, casi en polvo y bien rico.

lunes, 21 de enero de 2013

Hoy quiero que hablemos con la verdad



Hoy quiero que hablemos con la verdad

Ayer te conté sobre mi corazón,
de quizás haber sentido amor,
sobre los lugares sin recordar
y de lo que siento por ti.

Mas hoy, es lo que siento de verdad,
los corazones rotos, destrozados,
sobre las mentes que he atrapado
 y de la muerte, la realidad.

Quiero que sepas las tragedias de mi vida,
los conceptos erróneos de mi alma
y las equivocaciones de mi corazón.
De las veces rompieron mi orgullo en mil
y las veces me levanté desde ese ángulo,
sabiendo que el camino no era fácil
y que tal vez no podría volver atrás...

Hoy quiero que hablemos con la verdad,
pues si bien te contaré todo,
no pido lo mismo, pero te exijo sinceridad
quiero un secreto, saber de tus padres
y si alguien te hizo mal (-¿para matarlo?-).

Hoy quiero que hablemos con la verdad,
sólo eso quiero, quiero una conversación
como nunca hemos tenido,
quiero una conversación de verdad.

miércoles, 9 de enero de 2013

Cuando la muerte viste de gloria



Cuando la muerte viste de gloria

Hay noches, en que la muerte sale a bailar,
se viste elegante, se viste para matar,
con miedos que bañaron al mar,
con fuegos ladrones de libertad
y con una guadaña, afilada, sin enfundar.

Hay noches en que la muerte deja su lista,
se fija en los peces gordos de la ciudad,
quienes no han hecho tanto mal,
pero que en el mambo le acompañarán,
rivales dignos de torturar, de asesinar.

Hay noches en que la muerte cae como lluvia,
tronando los cielos y algunos cuellos quizás,
llevando al mito, convertirse en realidad
guiando la oscuridad de la luz
a sucumbir en la frialdad, en la maldad.

Hay noches en que la muerte viste de gloria,
como siempre, matando sin parar,
dando habilidades que nadie jamás tendrá
abriendo pasos al hombre, para que...
otro día, como siempre, vuelva a matar.

lunes, 17 de septiembre de 2012

El Lobo Protector




El Lobo Protector

      Y corríamos en el bosque, escapando de aquella bestia, negra como la noche misma y con una sonrisa tan afilada como la navaja que llevaba en mi cintura. Su mano sudaba de terror, apretaba la mía tan fuerte que sólo llevaba a mi memoria la sangre, que venía una, otra y otra vez, chorreando como río cristalino desde las montañas de mi pueblo.

      ¿Cómo llegamos a escapar de ese lobo? No lo sé, pero fue espantoso.
      Anabel, mi amada Anabel, mató a un hombre, al tipo que vendía las frutas en el pantano. Frutas nunca maduras, nunca frescas, pero frutas al fin. Ella lo mató, fue ayer, lo atravesó con un cuchillo y aun no sé la razón, pero decidí sacarla de la cárcel donde la tenían encerrada. Tuve que escabullirme como perro por las puertas, y al final dispararle al guardia de los calabozos. Le quité las llaves del morral sobre la mesa, abrí las rejas de la prisión y la encontré allí, tirada llorando, toda sucia y sin recuerdos de nada, con las manos llenas de sangre y semidesnuda. Me pregunto, quizás cuántas veces fue ultrajada por esos malditos de su celda, quizás cuantas veces lloró desesperada esperando por mi ayuda. También les disparé a los desgraciados, hijos de su madre. Para ese entonces sólo me quedaban tres balas, que mal utilicé.
      Cuando ya huíamos, decidí que lo mejor era irnos y yacer fuera del pueblo, aun sin los medios suficientes. Así decidí empeñar las joyas de la familia de la forma más miserable y crispada que pudiera existir, con Arturo Rubbens. Cambié todas las reliquias por TODO su dinero y una bala en la frente. Podía matarlo, ya era un asesino, mas no era un ladrón.
      Ya con dinero en nuestros bolsillos, necesitábamos un medio de transporte. Cogimos el auto de mi padre, se lo pedí, para ser más preciso. A él le conté la situación y me pidió cautela y resguardo para con Anabel. Me dio la navaja que usó en la guerra y me despidió de un beso en mis mejillas con sangre.
      Para cuando salíamos de la casa de mi padre, ya teníamos a toda la policía del lugar buscándonos, rozando nuestras pisadas, tocando nuestras espaldas, persiguiendo el rastro de un par de asesinos que nunca quisieron matar a nadie más que a sí mismos. Cuando nos dirigíamos al camino más difícil para una persecución, el pantano, aparecieron en el camino dos policías, de los cuales pude atropellar a uno y al otro, que logró subir al maltraído vehículo, tuve que dispararle, y lanzar su cadáver por sobre el cielo.
      Ya llegada la noche, ya caída la niebla y ya aullando los lobos, seguí conduciendo, la euforia de la huída era exasperante, me sentía victorioso, me sentía embriagado de las libertades que había cometido, me sentía el mayor asesino de todos los tiempos. Por un momento me sentí el mejor amigo de Caín. Abrazaba la muerte de Judas. Por eso detuve el auto, me sentía el mejor, estaba completamente excitado, me sentía como el toro más bravo del corral, me sentía capaz de traspasar a mi mujer con mi pene. Detuve el auto y noté que dormía Anabel, la desperté con mi desesperación, la desperté con mi mano derecha entre sus piernas y la otra mano en uno de sus pechos, la desperté con mi boca en la suya y dispuesta a bajar, dispuesta a recorrer su cuerpo, lengüetear sus senos, su ombligo y su vagina. La desperté y follamos, porque a eso no se le puede llamar hacer el amor, ambos sucios y cubiertos de sangre. La desperté y le di todo lo que le podía dar, así como ella lo hiso conmigo. Sus gemidos debieron escucharse a kilómetros de distancia, debieron hacer temblar el bosque y debieron advertir a medio mundo el dónde nos encontrábamos.
      Haber fornicado de esa manera fue lo mejor y el peor error de la noche, pues cuando ya estábamos vestidos, notamos como otros coches y unas antorchas se acercaban a nosotros. Aceleré a más no poder, cruzamos el río y ahí nos detuvimos, pues ya el combustible no alcanzaba. Nos detuvimos y corrimos río abajo, ella apenas se mantenía en pie, recién logré notar que el sexo que tuvimos en el vehículo fue por amor al arte, fue por calentura extrema de la inercia, pues ella aun seguía desorientada, perturbada, muerta en vida y con suerte era capaz de caminar y corría como si fuera un enfermo mental.

      Mientras recorríamos el río, yo sospechaba que no nos seguía ningún policía, pero sí, que había otros seres interesados en nosotros. Se escuchaban a lo lejos, más aullidos mientras amanecía, y el agua se ponía cada vez más peligrosa. Decidimos caminar a la orilla, nos sentamos un momento a descansar. Le quité el vestido, la bañé en el río y le puse ropas limpias. Yo por mi parte me quedé así y noté que ella ya había recuperado un poco la conciencia y se notaba muy triste y aterrada. La abracé y la besé, le pedí paciencia y tranquilidad, la volví a besar y a abrazar, la acaricié y ella me repelió un momento, hasta que se soltó y hundió mi pene en su boca por varios minutos. A pesar de estar en una situación tan crítica, nos encontrábamos, probablemente, en el momento más vivo y loco de nuestra relación, como cuando recién habíamos empezado hace 20 años. La orilla del río como nunca lo había hecho.
      Seguimos el camino, recorrimos casi todo el río hasta que se nos hiso de noche y llegamos a otro poblado, o al menos eso creímos hasta que notamos que no había un alma en pie por ahí, pero decidimos asentarnos un par de horas y descansar, lo que no funcionó, pues apareció, un lobo, blanco como la luna y gigante como un oso. Le disparé y aulló, gritó más fuerte que cualquier ser que nunca hubiere escuchado en mi vida.  Decidimos seguir corriendo, mis fuerzas ya no daban más y cada tropezón que dábamos era una herida nueva en elcuerpo. Tenía las rodillas peladas, el hombro derecho perforado, los nudillos del puño izquierdo sangrientos como el pañuelo de seda que vestí en algún baile de máscaras y en mi frente, había una mancha de rojo carmesí tan horrorosa que a Anabel le daba asco mirarme a la cara. Ella en cambio, estaba más limpia que antes, pero aun así tenía una herida grande entre sus pechos, lo que me era repugnante, provocativo y neurálgicamente sensual, su vestido era muy ajustado, quizás ese era el problema, era de un azul muy bello, casi sólo igualado por el cielo en verano.
      Cuando debían ser alrededor de las 4 de la madrugada y ya varios kilómetros delante del pueblo deshabitado, comencé a sentirme observado, escuchaba pequeños susurros en mis orejas, palabras que en realidad no eran palabras, comencé a escuchar nuevamente a los lobos, comencé a escuchar el rugido del puma y gruñido del oso. Estaba escalofriante el ambiente. Empecé a sospechar que el final estaba cerca, tan cerca que podía olfatearlo a un par de horas de lejanía. Y así era. Apareció de la nada un puma delante de nosotros, una fiera dispuesta a matarnos por chupar nuestros huesos. Nos miró un momento, nos gruñó otro rato, y se dispuso a atacarnos, de hecho voló hacia nosotros, pero un lobo lo interceptó en el aire, lo mandó a azotar contra un árbol y nos miró como diciendo “aprovechen de correr, que ustedes son MI PRESA y solo yo los mataré.”

      Y así fue como llegamos hasta aquí, no nos quedó más alternativa que comenzar a correr. O más bien, seguir corriendo, en medio de ese bosque, escapando de esa bestia, negra como la noche misma y con una sonrisa tan afilada como la navaja que llevaba en mi cintura. Con la mano de mi amada Anabel sudando de terror y apretando la mía tan fuerte que me rememoraba la sangre una, otra y otra vez, chorreando como río cristalino desde las montañas de mi pueblo.
      Corríamos y yo veía que el final se acercaba cada segundo más cerca que el segundo anterior, pero cada vez más lento cada segundo que el segundo anterior. Sentía los pasos del lobo aquel acercándose, podía sentir su respiración en mi oreja y podía sentir y ver el brillo de sus ojos arremetiendo entre la niebla.
Corríamos ya cada vez, no sé si más rápido o más lento, pero corríamos y no sé de dónde sacábamos las energías suficientes. Llevábamos casi dos días con casi dos noches huyendo, marchando entre árboles que nos ahuyentaban mientras guiaban nuestro andar.

      Definitivamente, ya no corríamos, apenas lo logré notar. Anabel se desmayó y yo me senté a su lado cuando el lobo apareció. El nos comió con la vista, nuevamente con esa cara de que éramos sus presas. Y me puse a pensar, como si el tiempo se hubiera detenido en esa mirada tan fría que él tenía. Logré averiguar, en su alma, que el lobo que matamos antes era loba... era su madre, pero ya no había nada que hacer. El nos mataría, nos comería y pagaríamos por todos nuestros pecados.

jueves, 26 de julio de 2012

Santiago en 100 palabras




Santiago en 100 palabras

Cruzaba la calle en auto dando vueltas por los aires, con todos observando boquiabiertos y mi vida pasando rápidamente por mis ojos, caí bruscamente impactando el suelo con toda la fuerza de un tornado, sin siquiera tener una brisa que alivianase el infierno que sentía. Velozmente sentí la mano de un hombre que toco mi hombro diciendo “le salvaremos”, “no se preocupe”, “tenga fe” y al tiempo me arrastraron con fuerza para que inmediatamente me subieran a la ambulancia.
En el hospital, con suerte me atendieron para morir unas horas después.
Fue tan emocionante que moriría por vivirlo nuevamente.

sábado, 18 de febrero de 2012

Vale por un beso



Vale por un beso

Tomar ese papel y escribir boberías
Tomar ese papel y escribir un “tequiero”,
así todo junto.
Tomar el papel y proyectarme,
imaginarme contigo,
que estamos juntos
en un par de meses más.

Tener ese papel en mis manos
me hace soñar.
Nos veo juntos de la mano,
nos veo juntos con un beso
y hasta nos veo pelear,
¡Qué horror! No quiero pelear
Pero la culpa me corroerá
al tiempo que te querré besar.

- ¿Alguna solución, Curacahuell?
- Siempre hay solución.
- ¡Ayúdame por favor!
- ¿Cómo compruebas que alguien te debe dinero
- Un papel, eso les hago firmar...
“¡¡ESO ES!!” Exclamé. Me euforicé.

Tomé ese papel,
por última y maldita vez
cuando creí que ya no sabía escribir.
“VALE POR UN BESO”
Te lo entregué y te prometí...
te prometí que no importaba cómo,
pero si me lo devolvías
pagaría aquel beso que ahora te debo.

lunes, 26 de septiembre de 2011

2012




2012

Mientras escucho como
las campanas comienzan a doblar,
siento la lluvia divagar suavemente
aumentando lentamente su fuerza
y estas tierras golpear.

A lo lejos se escucha
la sinfonía de los perros al ladrar,
acompañada del galope de cascos,
creo que vienen desde el norte
y se aproximan sin parar.

El viento arrasa con todo en su pasar,
la lluvia no deja de pensar, de regodear,
cayendo tan fuerte, como tormenta y su cantar.

La furiosa sinfonía ya dejó de ladrar,
lamentos y aullidos comienzan a llorar,
aislados y perdidos, tan grande el dolor para parar.

Los veo venir, bajo la vista ante el final,
cinco jinetes corriendo en la vil oscuridad.
¡No quiero morir! Sólo eso puedo pedir y gritar.

Mientras diviso como
un fuego en el río empieza a avivar,
veo su silueta moverse lentamente.
Me confundo febrilmente con ella
y su frágil caminar.

En la montaña veo
ángeles a la luz de luna brillar
despejando las nubes, permitiendo
a las estrellas asomarse al balcón
y a todos al cielo llevar.

Miedo-Muerte desde cordillera a mar, 
“la Pelá” no deja de reír, de saborear,
llenando su lista, con mi gente y su clamar.

Dios deja su trono, comienza a bajar,
cánticos y trompetas comienzan a sonar,
lágrimas y rezos, tan grande la fe para no parar.

La veo venir, rosando muy cerca del final,
corro raudo a abrazarla, necesito su claridad,
junto a ella quiero morir y en sus brazos descansar.

jueves, 4 de agosto de 2011

Por sobre tus nubes, quiero volar


Por sobre tus nubes, quiero volar

Quiero tus golpes, maldito viento del sur, y sentir por un momento tus puños rasantes para entender que de verdad estoy luchando, que de verdad soy yo el que está aquí parado y tu parado corriendo fuerte hacia mí, llevándome a mi esquina al sonar la campana, guiándome a ese mísero rincón, donde recupero mis fuerzas y compro mi razón, donde curo mis heridas y yo, mi mismo entrenador, me aconsejo y me doy la razón, me inspiro y animado me paro al nuevo sonar.

Quiero tus balas, tremenda lluvia, que del ring me llevaste a un nuevo escenario, disparándome al corazón para verlo sangrar, chorrear libertad y aun así, verlo palpitar. Con tus ráfagas de metralla, me siento vivo; me siento, oh querida lluvia, viviendo cada vez más.

Quiero tus caricias sangrantes, fuertes tormentas y poderosa maldad natural, todo atrás quiero dejar y al cielo azul quiero volar; te quiero desafiar, te quiero sobrevolar, jamás caminar y dejando todo atrás, enloqueciendo mis emociones por una eternidad, sin dolor ni llorar, traspasando mis pensamientos y mis razones, llevando la soledad de mi alma a jamás caminar... por sobre tus nubes, quiero volar.

martes, 26 de julio de 2011

Hermoso frío



Hermoso frío

Hermoso frío, lindo y tierno, sollozante en mi alegría de las 8 de la mañana, lagrimeante eterno de mis tiritones y escalofríos al buscar tu sonrisa, gimiendo en busca de mi sonrisa y salpicando la búsqueda de tu mano bajo la lluvia que se aproxima.

Una fresca sonrisa asomaba las comisuras de tu boca, al momento en que mi mano rosaba la tuya. Eso me hacía feliz. Tus ojos brillaban tenuemente con el sol a mis espaldas mientras las nubes se disipaban y con la ligera brisa que nos acariciaba en esta mañana caminamos en busca de ese café que tanto me exigías, que tanto añorabas y que tanto en mis labios su sabor buscabas.

Sentados en una fría banca, esperamos el inicio de todo, de todo un día y de todas nuestras nuevas vidas. Sentados en un lugar dónde no siempre nos sentamos, pero donde siempre quisimos hacerlo (...) allí aclaramos las cosas, dejamos en claro que seguiríamos por siempre amándonos y que seguiríamos por siempre peleándonos, reconciliándonos y nuevamente amándonos.

Partimos a clases, pero no sin antes cigarrear un fumado, no sin antes quemar nuestros pulmones en el aroma desesperantemente tranquilizador de nuestros ‘sabor a chocolate’ mientras acabábamos con el ‘cappuccino vanilla’ del kiosquito con las melodías del ‘Delirio’ en nuestros oídos. Una sinfonía final la de los pájaros desordenados y desorbitados, sin coordinarse en su cantar, desastrosos, pero tiernos, sin adiós y sin sueños, sin camino y sin principio, por tanto sin final y sin sus vidas preocupar.

Para variar, nos sentamos juntos, la profesora nos retó, nos pidió que nos separásemos, pero nuestros papelitos nos mantenían unidos.
-“te quiero :P”
-“ y yo a ti, mensito”
-“odio que me digas mensito ¬¬’ pon atención mejor”
-“te amo”
-“te amo, como nunca sabrás si alguien te amado, como nadie nunca lo hará y como todos querrán hacerlo algún día con alguien. te amo.”
Y todo terminaba cuando la profesora tomaba nuestros papeles y nos decía infantiles, cuando la verdad es que estaba celosa de nuestro amor, de todo lo que habíamos compartido aquella mañana y de todo lo que compartiríamos el resto de nuestras vidas.

El recreo... el maldito y sensual recreo. Nuestras escapadas a los camarines, nuestras escapadas a la leñera, nuestras escapadas a la enfermería y nuestras escapadas a la sala de castigos que lo único que lograban era que quisiera que todas ‘nuestras escapadas’ se transformaran en ‘nuestras escapadas a tu hogar’ o al mío, cuestión imposible, al menos hasta la hora de almuerzo o la hora de salida de clases o hasta algún momento en que ya no tuviéramos que volver a ellas.

Ya terminando otro día, aun con frío -excepto por esos recreos- nos tomamos otro ‘cappuccino vanilla’ y nos cigarreamos otros chocolato fumado, para besarnos, despedirnos cariñosamente y esperar la rutina del nuevo día, un mañana que espero sea un poco igual, un poco diferente o que sea nada más.

lunes, 20 de junio de 2011

Pueblo Maldito


Pueblo Maldito

               Éramos la pareja más unida que podría existir en el mundo, pues nos amábamos como nadie pudo amar en esta vida y nos deseábamos el uno al otro, tanto como el mismo amor desea la carne; nos deseábamos hasta la agonía de dormir entre los brazos del mar, olvidándonos de la vida y sus demás elementos del vivir. Eso éramos, la pareja más unida que podría existir, mas nada hacía presagiar lo que ocurrió previo a lo que vivo el día de hoy, previo a la investigación que hoy llevo en conclusión y previo a la decepción y el dolor que siento el día de hoy.

               Con mi mujer, el día 27 de febrero cumpliríamos trece años de matrimonio, feliz y próspero, con una hija de seis años, Alicia y un pequeño de tres años, Alexander. Debimos tener un hijo, que el mismo día 27 hubiera cumplido once años, pero falleció a dos días de su nacimiento, fue una fuerte y crítica situación que nos costó superar. Bebimos y comimos mucho dolor durante unos años hasta decidir tener un bebé, hasta sentirnos recuperados, hasta sentirnos capaces de ser padres de verdad, entonces nació Ali, aun con algunas dudas, preferimos esperar un poco hasta tener al próximo, hasta que nació Lex.

               Sin embargo, fuimos siempre felices, a pesar de habernos costado superar la pérdida de nuestro primogénito, siempre tuvimos las fuerzas para seguir adelante, de hecho nuestras vidas siguieron casi con normalidad; los mismos trabajos, las mismas personas, mucho sexo y mucho amor -que nótese ¡NO SON MISMO!-, lo único distinto era que usábamos condón al tener relaciones y que Constanza (Coni) y yo debimos asistir a algunas sesiones de pareja por algún tiempo, algo de psicología por eventuales traumas que pudiéramos tener -¡dicho trauma nos hacía USAR CONDÓN!-, pero por lo demás, todo seguía normal.

               En ese ámbito de normalidad, fue el día 24 de febrero cuando yo sólo quería llegar a mi hogar y besar a mi mujer, saludar a mis hijos y luego llevarlos a jugar al parque, tal y como se los había prometido el día anterior. Fue ese día cuando salí del trabajo -la comisaría local- y camino a mi casa, en compañía de Oscar, mi mejor amigo y capitán de la zona, que como de costumbre pasaríamos por la panadería de Don Pedro, mas él decidió volver a buscar unas cosas olvidadas en su oficina, por lo que yo compré el pan y esperé en la esquina del almacén, cuando de repente se escucha a lo lejos un ruido muy fuerte, un cañonazo potente y abrumador, como un trueno desesperado por liberarse de las ataduras del cielo y con un eco estremecedor y amplio. Sólo corrí hasta el cerro, que es de donde pensé que podría venir dicho estruendo, mientras llamé por el radio pidiendo que si había alguien en la zona por favor revisara y se encargara, también avisé que iba en camino.
               Llegado al lugar, un tanto cansado porque en el pueblo nunca pasan cosas por las que deba preocupar mi físico, encontré el cadáver de una mujer, era la esposa de Oscar, fue algo terrible e inesperado, tenía un agujero de bala con quemaduras en el cuello y heridas de pelea, además tenía el vestido todo rasgado. Mi primera impresión fue que la intentaron violar, ella se defendió y en medio de un gran forcejeo el tipo terminó disparándole y salió corriendo, puesto que también había huellas que denotaban una fuerte carrera. Luego, sólo atiné a llamar a Oscar a su móvil para pedirle que fuera al lugar y que se preparara para lo peor. Me costó contarle antes de que viera la escena del crimen, se puso muy mal y lloró mucho, luego, mantuvo la calma un instante y llamó a los forenses y a investigaciones el mismo, me sorprendió su valentía, y le ofrecí mi apoyo en todo.

               Desde la capital dieron la orden de que Oscar no podía participar del caso y que quedaba liberado por el momento de sus actividades, que tomara un descanso y se preocupara de los trámites de la cremación y la ceremonia. Mi amigo solo pudo acatar la orden, mientras yo proseguí la investigación y me propuse no informarle nada hasta que el caso estuviera resuelto y darle al asesino para que el mismo lo entregara a ‘La Fuerza’.
               El día 25 por la mañana, tuve una cita con la forense y me explicó que los peritajes indicaron que las heridas fueron hechas por una mujer y que había pelos femeninos que no correspondían a la víctima bajo el vestido; todo eso hizo que de inmediato cambiara mi tesis, y pensé que tal vez las huellas en la arena no tenían nada que ver con lo que pasaba, más miles de ideas que pasaron por mi mente, pero una con mayor fuerza que las demás; tal vez Oscar, que era muy coqueto y picaflor con todas las mujeres, tenía una amante y ella en algún ataque de celos, remordimiento o simple rencor mató a su esposa. Mi mente vaciló un momento, pues yo había decidido no inmiscuir a Oscar en esto, mas al final decidí preguntarle de una vez y saber si podía estar o no en lo cierto. Él me comentó que tenía una amante pero que era imposible que ella hubiera sido la culpable, pues estaba fuera del pueblo y ya había confirmado la coartada, decidí dejarlo hasta ahí en ese momento, y comencé a interrogar a todas las conocidas de la difunta, una a una, hubo un par que le guardaban un poco de rencor, pero no creí que fueran capaz de hacer algo así y pedí que analizaran el ADN de la supuesta culpable con el de ellas y una mujer que me pareció sospechosa y que no tenía coartada. Resultó que ninguna de ellas era, eso era lo que tenía hasta el día 26, junto a una nueva pista: en el peine de la víctima, tras el cateo a la casa de Oscar, habían pelos de la sospechosa, lo que me hizo intuir que la culpable fue una mujer muy cercana a ella.
               La mañana del 26 hice contactar a todas las mujeres que se habían visto en la casa de ella entre el 15 y el 24 de febrero. Coni estaba en ese montón e interrogué a todo ese grupo, acto seguido, pedí el análisis de ADN de todas, no podía dejar nada al azar. Al medio día del 26, me llama Oscar a mi celular, quería hablar conmigo, su voz se notaba muy extraña, entre penosa y preocupada. Lo que me contaría sería algo que me dejó perplejo ante la sorpresa. Su noticia hizo que mis primeras sospechas florecieran, pero... me hacían el hombre más triste de este planeta. Me dijo que su amante nunca estuvo fuera del pueblo y que me había dicho eso porque no creía que ella fuera la culpable, además no quería delatarla, no quería delatar a Coni... si, según sus palabras, Coni era su amante.
               Me sentí muy mal pero debía continuar sin decirle nada a ella, no podía contarle que ella era mi principal sospechosa. Sólo podía esperar a los resultados del examen de ADN que estarían listos en una o dos horas más. El problema, para mí, fue que efectivamente el pelo del peine y el pelo que se encontraba entre el cuerpo y el vestido de la víctima... era el pelo de Constanza, mi mujer. Tuve que informar de inmediato a mis superiores y la hicieron apresar de forma preventiva, hasta probar que ella fuese o no la culpable.
               A pesar de que nunca me imaginé que algo así fuera a ocurrir alguna vez, creí completamente lo que pasaba, creí que mi mujer me era infiel con mi mejor amigo y creí además que ella, mi mujer, había matado a una de sus mejores amigas por celos que ni siquiera eran por su esposo... o sea, por mi... sino por Oscar, mi mejor amigo.
               Me tocó el turno de la tarde en la comisaría y ella estaba en el calabozo, me hablaba y repetía una y otra vez que todo era mentira, que ella no tenía ningún amante y que no había matado nunca a nadie. Yo mientras tanto, me sentía mal, me sentía como un estúpido y como un ‘pobre weón’. A las 15 horas, llega Oscar, con el que tuve una fuerte discusión, mientras Coni guardaba silencio absoluto. A Oscar le di un fuerte golpe en el ojo derecho y se sentó sin pronunciar más palabras, me escuchó atentamente mientras yo le regañaba y le sacaba en cara una amistad de toda la vida... mientras le sacaba en cara que era el peor amigo que podría existir.
               El mismo día 26 cerca de las 19 horas, decidí revisar los antecedentes, las evidencias y fotografías de la escena del crimen y mi sorpresa fue extrema al notar que no habían rastros de mujer, es más los rastros de hombre que parecían arrancar del lugar habían llegado dos veces. Me explico, una persona llegó al lugar, luego por alguna razón desconocida, salió corriendo del lugar para luego volver; esto lo afirmo porque cuando llegué al sitio del homicidio, no había ese segundo rastro, sino que esa persona había llegado y se había ido corriendo. NADA MÁS.
               Mi mente empezó a maquinar de maneras inexplicables, nunca había pensado tanto, nunca había participado de un caso de homicidio, menos pensé alguna vez hacerme cargo alguna vez de la muerte de un ser querido, pues estimaba y quería mucho a esa mujer que, como yo, no era culpable de nada en este asunto. Pero por todos los pensamientos que llegaban a mi mente, llegaba una idea que me decía, en si misma, que eso no era, o simplemente aparecía una prueba que lo refutaba de manera tajante. Alrededor de las 20 horas del mismo día 26, aun seguía en el laboratorio con las evidencias en el escritorio y en compañía de dos oficiales más, cuando recordó algo mi mente: de todos los que llegamos a la escena del crimen, uno debía ser el asesino, ya había encontrado coartada para todos, pero en ningún momento se me ocurrió que podría ser él. ¡OSCAR HABÍA LLEGADO LUEGO AL LUGAR! Si, ahora él también era sospechoso y mis compañeros abalaron mi teoría, entonces revisamos las cámaras de seguridad de la comisaría y revisar si había vuelto a su oficina a buscar aquello que había olvidado el día del crimen, pero no había nada. Es probable que haya escuchado el disparo antes y haya corrido hacia el cerro. Partimos rumbo a su casa a verificar su calzado, si coincidía con las huellas, ¡ERA NUESTRO!

               Efectivamente el calzado era de Oscar, decidimos buscarlo, mas no lo encontramos por ninguna parte y ya a las 23.30 horas pedimos refuerzos. Reunimos por lo menos 42 efectivos buscándolo por todo un pueblo que no es para nada grande y a lo mucho tiene 5.000 habitantes, efectivos que por lo demás pertenecían a 3 pueblos en total y en conjunto con bomberos, rescatistas marinos y civiles que querían ayudar a terminar con todo esto realizamos la experiencia.

               Ya el día 27, a eso de las 3 de la mañana, cuando todos seguíamos con la búsqueda, decidí ir a los calabozos a verificar que Coni estuviera bien y de ser posible, me diera información para poder encontrarlo, pues se suponía que eran amantes y tal vez, sabría algo. Llegado al lugar, la interrogué y me seguía insistiendo en que ella no era culpable de nada y que le sorprendía que yo hubiera dudado de ella. Ahí comprendí que no eran amantes y que Oscar plantó la evidencia en su contra y descuidó un leve detalle en la historia. Pero aun faltaba algo importante, encontrarlo.
               Alrededor de las 3.33, mientras hablábamos tranquilamente ya y yo le pedía disculpas a Coni por lo estúpido y claro, sin poder liberarla aun, se escuchó un estruendo muy poderoso bajo la tierra, era algo fuerte... en menos de un minuto, la tierra comenzó a temblar, se comenzó a mecer todo, y ese movimiento se hacía cada vez más poderoso... se convirtió rápidamente en un terremoto, recuerdo como las ventanas se chocaban con los marcos una y otra vez, como los elementos caían por todas partes y como se escuchaba el vil, poderoso y fugaz sonido de la destrucción. Recuerdo como al lado derecho de la comisaría se reunían familias evangélicas y rezaban por piedad y la salvación. Recuerdo como gente gritaba en tonos tan desesperantes que hasta yo me paralizaba, que la tierra se abría en dos y que tenían miedo. Recuerdo como niños gritaban por sus padres y padres gritaban por sus hijos. El fin había llegado o... al menos eso pensé en ese momento. Pero cuando la tierra dejó de gemir y revolcarse en el espacio, nada había terminado; como imaginé era sólo el comienzo de lo peor, porque sin saber ya la hora, pasó una ola enorme sobre el pueblo, un tsunami de proporciones elevadas, una gigantesca, pura y salada lágrima nos roció con su desprecio.

               Desde ese instante en adelante sólo tengo vagas imágenes en mi mente que hablan de una lucha por salir del fondo del mar, un mar que simplemente era en lo que se había transformado la oficina de carabineros y sus calabozos. Recuerdo que intenté salir y ya había salvado a Constanza, no sé cómo... pero lo hice, salimos a flote y las aguas malditas y saladas nos arrastraban por el pueblo, un pueblo totalmente destruido, empobrecido y mojado por la naturaleza emputecida y enrabiada por la maldad del hombre. No sé cómo, en algún momento nos vi sentados sobre un bote que extrañamente navegaba con nosotros por el medio del pueblo inundado, mientras subíamos a más personas y al tiempo que las aguas volvían a su cauce normal, al mismo océano Pacífico que las llamaba con soplidos de viento, con silbidos de dolor y gritos de cadáveres que nos encontrábamos en el camino de agua y sal.
               Ya llegado el día 04 de marzo, me dispuse a seguir con la investigación y solicité que la búsqueda del asesino continuara. Y la única evidencia física que quedaba a salvo era la escena del crimen, ya todo lo demás se había perdido bajo el agua lo único que quedaba entonces era lograr que confesara el culpable. La búsqueda continuó sin bacilar por dos días, pero ni tan sólo su cuerpo fue encontrado y la investigación estuvo a punto de ser cancelada debido a pérdida de pruebas y posible muerte tras desaparición del sospechoso en medio del tsunami.
               Pasaron al menos 6 días para cuando llegó corriendo un bombero, conocido de Constanza, a la nueva base de la Policía conjunta de Carabineros y PDI. El hombre llegó gritando: “¡encontramos al asesino, lo encontramos!”, y acto seguido, una sonrisa esbocé de prisa y corrí junto a un oficial, tras el bombero que salió de prisa del recinto.
               Misteriosamente, Oscar había sobrevivido al terremoto y al tsunami, quedado atrapado en el tronco de un roble gigantesco, tal vez el único árbol que no se cayó en el extremo este del pueblo -haciendo la salvación de que al extremo oeste se encuentra el borde costero-. Tenía una pierna rota y al parecer no había comido nada, pues no pudo salir de allí y para no ser encontrado, el pedir auxilio no era una opción. Lo llevamos al cuartel, en donde fue interrogado y atendido por enfermeras que constataron sus lesiones.

               Constanza, me amenazó con el divorcio, mas nos reconciliamos rápidamente y decidimos que debía partir a la capital, con nuestros hijos para quedarse con su madre unas semanas, para acto seguido yo terminara la investigación.

               Sólo el día 10 de marzo pude entrevistar a Oscar y conversar distendidamente con él en la cárcel de un pueblo cercano, en la cual ya era un prisionero más. Primero, sin ser profesional, lo critiqué, lo reté y hasta lo humillé. Luego, le pedí que me contara todo y confesó el crimen, relatando lo acontecido. El día antes de que saliéramos juntos de la comisaría y en que todo ocurrió había planeado todo, pues decidió que al día siguiente pelearían para que ella, como de costumbre saliera a caminar por el cerro y que en ese momento se las arreglaría para llegar allí, matarla e implantar la evidencia en contra de Coni, que la obtuvo de mi casa y la de ellos. Así ocurrió todo, el día del crimen, Oscar tomo su arma de servicio, corrió al cerro luego de decirme que volvería a la comisaría, mató a su esposa, eliminó la bala del lugar e implantó evidencia en contra de mi mujer, corrió del lugar para no ser descubierto y luego de que yo lo llamé para informarle de todo, volvió y fue el último en irse, es por eso que quedaron sólo tres rastros de zapatos y no cuatro. Luego, para que la sospechosa tuviera motivos para cometer el asesinato, dijo que Coni era su amante.
               Golpeé a Oscar igual que ese día en la comisaría, pero con más ira y más fuerza, acto seguido, llamé a mi jefe, le pedí unos días libres y me dediqué a ayudar en la reconstrucción de escombros hasta que volvió mi Coni, con Alicia y Alexander, salimos de vacaciones unos días y descansamos, días en los que pedí un traslado, para salir de ese lugar, para no volver jamás a ese pueblo que tanto nos hizo sufrir en tan pocos días.

domingo, 12 de junio de 2011

El Amor y la Locura

    Lindo cuento de mi compatriota Claudia Silva... me encantó desde el primer momento en que lo leí, lo amé y lo doy por cuento, mito real y linda historia... jajajaja... ME GUSTA ♥


El Amor y la Locura
(Claudia Silva)


    Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la Tierra todos los sentimientos y cualidades de los hombres.  Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso: "¿Jugamos al escondite?". La intriga levantó la ceja intrigada y la curiosidad, sin poder contenerse, preguntó:  "¿Al escondite? ¿Y cómo es eso?". "Es un juego -explicó la locura- en el que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón mientras ustedes se esconden. Y, cuando yo haya terminado de contar, el primero de ustedes al que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego".

    El entusiasmo bailó secundado por la euforia. La alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e, incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar; la verdad prefirió no esconderse, para qué, si, al final, siempre la hallaban; y la soberbia opinó que era un juego muy tontito, pero en el fondo, lo que le molestaba es que la idea no hubiese sido suya. Y la cobardía... la cobardía prefirió no arriesgarse.

"Uno, dos, tres...", comenzó a contar la locura.

    La primera en esconderse fue la pereza que, como siempre, se dejó caer en la primera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que hallaba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos: que si un lago cristalino, ideal para la belleza; que si una rendija de un árbol, perfecto para la timidez; que si el vuelo de la mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una ráfaga de viento, magnífico para la libertad. Así que terminó por ocultarse en un rayito de sol. El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio; lo encontró ventilado, cómodo... pero eso sí, sólo para él. La mentira se escondió en el fondo de los océanos, ¡mentira! en realidad se escondió detrás del arco iris. Y la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. El olvido... ¡se me olvidó dónde se escondió! pero, bueno, eso no es lo importante.

    Cuando la locura contaba 999.999, el amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo se encontraba ocupado, hasta que divisó un rosal y, enternecido, decidió esconderse entre sus flores.
    "Un millón" contó la locura, y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza, sólo a tres pasos de la piedra. Después escuchó a la fe discutiendo con Dios en el cielo sobre teología. Y la pasión y el deseo los sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia y, claro, pudo deducir dónde estaba el triunfo. Al egoísmo no tuvo ni que buscarlo, él solito salió disparado desde su escondite, que había resultado ser un nido de avispas.

    De tanto caminar sintió sed y, al acercarse al lago, descubrió a la belleza. Y con la duda resultó más fácil todavía, pues la encontró sentada sobre una cerca sin decidir aún de qué lado esconderse.

    Así fue encontrando a todos: la mentira detrás del arco iris, ¡mentira! si ella estaba en el fondo del océano; y hasta el olvido, al que ya se le había olvidado que estaba jugando al escondite. Pero, sólo el amor no aparecía por ninguna parte. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada rolluelo del planeta, en la cima de las montañas; y, cuando estaba por darse por vencida, divisó un rosal y sus rosas, y tomó una horquilla y comenzó a mover sus ramas. Cuando, de pronto... un doloroso grito se escuchó, Las espinas habían herido en los ojos al amor. La locura no sabía qué hacer para disculparse: lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su Lazarillo.

    Desde entonces, desde que por primera vez se jugó al escondite en la Tierra, el amor es ciego y la locura siempre le acompaña.